14 de abril de 2012

Chalet del Obispo (Alicante) 2004


Antigua entrada por la Avenida. de Alcoy del Chalet del Obispo (Alicante) año 2004 RF A56
DERRUIDO EN LA ACTUALIDAD
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Estado actual del espacio que ocupaba la entrada del Chalet del Obispo (Alicante) año 2008
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El chalet del Obispo

La nueva sede del Obispado, situada en la avenida de Alcoy 149 e inaugurada oficialmente y bendecida por el Nuncio de su Santidad, Manuel Monteiro de Castro, siendo obispo de la diócesis Rafael Palmero Ramos, tiene una bonita historia que no todos los alicantinos conocen y que merece la pena.

En el solar donde se levanta la moderna y funcional edificación, diseñada por el arquitecto Ángel Gambín, existió hasta no hace mucho un amplio chalé construido en las primeras décadas del siglo XX, al que los alicantinos conocían por el Chalé del obispo, por ser residencia del prelado alicantino.

Su propietaria era una señora multimillonaria de Novelda, llamada Luisa Gómez Tortosa, a quien sus paisanos conocían cariñosamente por La Pichocha. Esta señora, que falleció hacia los años setenta del pasado siglo, soltera y sin descendencia directa, legó la mayor parte de su fortuna a sus sobrinos, dejando otra parte de la misma a la Iglesia y otras instituciones, como el Ayuntamiento de su ciudad natal, Novelda, al que tocó, entre otras, una finca en la plaza de España, donde se instalaron os Juzgados, y una casa de estilo modernista en la calle Mayor, para que se instalara el Archivo Municipal. La señora Gómez Tortosa poseía otras varias fincas en el mismo Novelda, La Romana y Alicante.

El chalé de la alicantina avenida de Alcoy fue poco utilizado por la familia de doña Luisa, motivo por el que decidió cederlo al Obispado como Residencia Episcopal, cuando hacia el año 1925 la Santa Sede mandó que el entonces obispo de Orihuela, el vasco Francisco Javier de Irastorza y Loinaz, tuviera su residencia en Alicante, centro geográfico de la diócesis, con sede en Orihuela.

Sin embargo, el doctor Irastorza prefería pasar los veranos en la finca Don Álvaro, que Jesús María tenía en la Santa Faz, donde recibía las mejores atenciones de las religiosas que le hacían encontrarse como en su propia casa.

Cuando en 1935, en el preludio de la Guerra Civil, gentes incontroladas incendiaron los templos y bienes de la Iglesia, el obispo Irastorza y Loinaz obtuvo un permiso de la Santa Sede de dos años y marchó a San Sebastián, su ciudad natal.

Allí le sorprendió la contienda bélica y pudo librarse de las persecuciones. Pero no así el abad de San Nicolás, Juan de Dios Ponce y Pozo, que, nombrado administrador apostólico en ausencia de Irastorza, fue sacrificado.

Finalizada la guerra, Irastorza regresó a Alicante y continuó su prelatura hasta 1943 en que, sintiéndose enfermo, fue a morir a San Sebastián, pero sus restos fueron trasladados a Orihuela para su inhumación en la catedral.

15-Julio-2007
La Verdad Digital - Tirso Marin

4 comentarios:

  1. Es para mi, un orgullo encontrarme con este bonito relato de la historia del chalet del Obispo de Alicante, pues me es tan familiar, que es como si hubiese vivido todas esas escenas en 1ª persona. Mi abuela paterna, fue el ama de llaves de dicho chalet, donde también nació mi padre en 1929 y casi muere quemado vivo en el 35. También nació allí mi primera hermana, pero ya en el 54, cuando al poco tiempo después se mudaron a otro lugar de la ciudad de Alicante.
    Gracias amigo, por corroborar la historia familiar, que tantas y tantas veces, me contó mi abuelita cuando yo era un chaval.

    Luis Sánchez

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    1. Gracias Luis, pocos días después de esta fotografía derribaron todo sin darme tiempo a ver que quedaba en pie de la casa. Solo conservo alguna foto mas de la entrada de carruajes que la publicaré mas adelante. Es una pena que el cemento prevalezca ante lo antiguo. Jose M. Deltell

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  2. Manuel Sánchez Martínez y su esposa Concepción Gil Velasco habitaron la finca, disfrutando de casa y terreno para cultivo de verduras, como caseros. Manuel era Sargento de Consumeros. A la finca se accedía desde tres lugares; la puerta de la parte mas alta de la finca, en la calle que conducía al castillo y a los chalets de José Vidal y de Rafael Beltrán de la Llave; y por la carretera de San Vicente se accedía desde una puerta que daba acceso a una escalera con unos veinte peldaños hasta situarse a nivel del suelo, o desde un amplísimo tunel descubierto que ascendía formando ligeras curvas por el que se podía acceder en coche o a pie. Al final del tunes había una piscina-estanque alicatado en el interior y exterior de azulejos modernistas. Un bosquecillo de pinos centenarios, unos enrejados con plantas trepadoras, un "cenador" cubierto, una capilla, una terraza amplísima cubierta y otra a la que se accedía por escalera desde la que se veía el Castillo de Santa Bárbara. En la hermosa finca había una torre con "molineta" para elevar agua, dos balsas para almacenar agua destinada a riegos, en las que cuando quedaba poca agua podían verse el verdín y las ranas... Dos magníficas higueras, árboles de distintas especies, bugambillas, una tortuga mediterráneo que se escondía en los inviernos, un puente sobre el tunel recubierto de plantas trepadoras.. Una hermosa y romantica finca que yo pude disfrutar de niño jugando en ella y en la que dejé mis iniciales grabadas sobre el pasamos que daba a la carretera. La propietaria tenía una secretaria, doña Isabel, y en verano llegaba un sobrino de la propietaria, doña Luisa Gómez Tortosa,que gozaba de juguetes traídos de Inglaterra, como los cochecitos que se montaban pieza a pieza. ¡Cuanto disfruté con aquellos juguetes, yo, que no podía tenerlos en propiedad! Algunas veces grupos de chicas se alojaban en la gran casa-chalet para ejercicios espirituales. El olor de las cocinas dejaba aromas de comidas exquisitas. El personal de servicio -cocineras y limpiadoras era de unas cinco personas...

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  3. Gracias por esta información ta valiosa.
    Jose M. Deltell

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